ESTRENO MUNDIAL DE “LO QUE LLEVA EL RÍO” SE REALIZARÁ EN LA BERLINALE

La historia de Dauna, una mujer warao que desafía los atavismos de su cultura milenaria, arraigándose a lo más perdurable y eterno de su etnia, fue seleccionada para participar en la sección NATIVe de este prestigioso festival

Lo que lleva el ríoLas grandes ligas del cine se juegan en muchas arenas, Berlín es una de las cinco más importantes. “Lo que lleva el río” de Mario Crespo fue rodada enteramente en el Delta del Orinoco con el respaldo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y el programa Ibermedia. Esta película pone en relieve la necesidad del diálogo intercultural, en un mundo que sigue siendo violentado por la intolerancia y el desconocimiento del otro.

La sección no competitiva NATIVe se creó en el 2013 para mostrar lo más representativo del cine indígena. Este año, tiene un énfasis especial en América del Sur, donde hay países con larga tradición en este tema, por lo cual hubo una reñida selección donde “Lo que lleva el río” resultó favorecida. Para comprender la necesidad de una muestra como ésta, la curadora Maryanne Redpath reflexiona sobre la vigencia de una cinematografía que muestra el poder de la tradición oral, para dar forma y mantener cohesionadas a comunidades sacudidas por el colonialismo.

“Muchos abogan, sobre la base de criterios románticos, por la “conservación” de nuestras culturas autóctonas, pretendiendo que comunidades con una ascendencia cultural ancestral, mantengan sus símbolos estáticos. Con esto, los condenamos al anquilosamiento y detenemos su evolución en aspectos tecnológicos, científicos, políticos y éticos. Una vitrina adonde el resto del mundo pueda asomarse. ¿Deben quedar como piezas “vivas” de un museo?” fue una de las primeras interrogantes que Crespo se plantearía sobre el tema.

Y así nació la historia de Dauna, una mujer warao que enfrenta un dilema vigente, escoger entre el amor y la vocación. En este caso, la protagonista, interpretada por Yordana Medrano, debe escoger entre seguir atada a la cama, al conuco y al fuego del hogar o seguir su impulso vital de estudiar y prepararse. Una encrucijada que el personaje protagonista expresa en pantalla: “La idea que me iluminó y no abandoné nunca fue la de buscar la visibilidad de mi gente, de las mujeres de mi grey; separar en mi cultura lo caduco, de lo perdurable y lo perenne”.

Pero el viaje de Dauna no sería fácil. Dauna tiene una imaginación amplia como el Orinoco, ella ve en las nubes animales y hasta el rostro de su abuelo; su mejor amiga es una cunaguaro que habita en las orillas del río. Dauna se enamora de Tarcisio, siendo aún una niña, al mismo tiempo que llega a su aldea un sacerdote capuchino, que quiere aprender todo sobre los waraos. La niña, despierta y resuelta, asume que si su padre le enseñará al cura todo lo que sabe, entonces, éste misionero podrá enseñarle a ella todo lo que él sabe sobre los criollos, la gente del otro lado del río.

Al preguntarle al director sobre la escogencia de un personaje femenino, que pone de relieve el tema del género, la respuesta es directa y sin cortapisas. “Ser mujer, indígena, pobre y morena, en un mundo dominado por hombres, blancos, que hablan español, y además vivir a 45 minutos de la salida al mar, son muchas barreras”.

El rodaje en una naturaleza indómita

“Lo que lleva el río” se rodó enteramente en el Delta del Orinoco, en el municipio Antonio Díaz del estado Delta Amacuro. Siete semanas de preproducción y siete semanas de rodaje se necesitaron para capturar la esencia de la ancestral cultura indígena Warao, desde una perspectiva íntima, cercana, casi documental.

El realizador Mario Crespo es cubano radicado en Venezuela desde hace más de 20 años, y desde hace diez, ha sido un asiduo visitante del Delta del Orinoco, donde ha desarrollado talleres de transferencia de tecnología audiovisual, en el marco de un proyecto denominado “Con mirada propia” rodado con el financiamiento del premio FAMA (Fondo de Aportes Mixtos a las Artes) que otorgaba la Fundación Polar. Allí, los indígenas waraos se empoderaban de la cámara cinematográfica para captar su entorno, de forma directa y sin intervenciones de terceros. Y es así, como ese respeto por la cultura warao, se respira en cada fotograma, donde la puesta en escena y las interpretaciones de actores no profesionales revela una profunda autenticidad.

De la historia, uno de los aspectos más cautivantes son las interpretaciones de actores no profesionales. “Después de un cuidadoso casting realizado por nuestro coordinador, Daniel Ramírez, llegamos a tener dos o tres opciones por personaje. Para ese momento, nuestro preparador de actores, Dimas González se internó en el Delta durante siete semanas, no para enseñarlos a actuar, sino para se dejaran llevar por el juego de la actuación, y perder el miedo escénico que pudiera generar la presencia de la cámara.

“El trabajo con el elenco se facilitó, por la gran capacidad lúdica que caracteriza a los waraos, ya que ellos, por su mitología, asumen cualquier juego con mucha naturalidad. Así en el rodaje, planteábamos una escena cotidiana, la leíamos, pues teníamos un guion bilingüe, y luego filmábamos, con dos cámaras, la escena completa de principio a fin” describe el director de cine.

La cinta fue rodada en warao y en español, a cámara en mano con unidades de alta resolución, aprovechando al máximo la luz natural que brindan los caños. El equipo estuvo conformado por el director de fotografía Gérard Uzcátegui, el director de arte Yvo Hernández, la música original de Alonso Toro, la dirección de producción de Adriana Herrera, la dirección de postproducción por Fermín Branger, el diseño de Sonido de Gustavo González, con un guión firmado por Isabel Lorenz y el mismo Crespo

Para finalizar, preguntamos al director sobre sus expectativas en Berlín. “Primero que la vea mucha gente, que podamos llegar a otros países. Con mi película, yo espero hacer un llamado al diálogo, un llamado a la reflexión. Las culturas son organismos vivos, no son entes cerrados, son las personas quienes detentan la cultura. En el mundo global de hoy, aún necesitamos seguir entendiendo al otro, y que toda etnia es primeramente humana, y puede alcanzar valores de la modernidad, insertando las ramas de su cultura en el tronco de la cultura universal”, concluyo Crespo.

La Berlinale sigue reconociendo al talento venezolano

Desde 1961, el Festival Internacional de Cine de Berlín, reconoce y valora el cine venezolano con la participación en competencia de “Chimichimitos” dirigido por José Martín y Lorenzo Batallán. En los últimos años, desde 2011, la participación del cine nacional ha sido una constante. Marité Ugas, estuvo presente es año con su película “El chico que miente” en la sección Generation. Gustavo Rondón, participa en 2012 en la categoría Berlinale Short, con su cortometraje “Nostalgia”. La ganadora de la Concha de oro del Festival de San Sebastian, “Pelo malo” de Mariana Rondón, en 2013 contó con el apoyo de la World Cinema Fund-Berlinale. En febrero de 2014, Gustavo Rondón, participa nuevamente en este importante festival con su trabajo “La familia”, en el Talent Project Market, en un programa de formación e industria, siendo uno de los diez proyectos seleccionados de 216 aplicaciones provenientes de todo el mundo.

Para este año que apenas comienza, la oportunidad ha sido para el director de fotografía de la película “Lo que lleva el río”, Gerard Uzcátegui, quien ha sido seleccionado entre un grupo de 2.500 aspirantes de 117 países, para participar en el Berlinale Talents, a realizarse en Berlin del 7 al 12 de febrero del 2015, dentro del 65º Berlin International Film Festival. Además,  participará en el “Camera Studio” que es un taller específico del área de dirección de fotografía, para un grupo mas reducido de personas.